24 cajas

¿Participarías en un juego "especial"?


Faltan diez minutos para medianoche.Contemplo la calle desierta. Alzo la vista al cielo oscuro, buscando una señal que me haga volver a casa y olvidar toda esta locura.Pero solo veo más oscuridad. Mi vida es oscuridad.Esta es mi última baza y tengo que jugarla. No tengo alternativa.

Mejor con música ambiente. Dale al play:


Un coche negro como la noche dobla la esquinaDentro hay un atípico visitante, portando un siniestro contenido.

Puntual, a la hora prevista, un coche dobla la esquina y se dirige hacia mí, mientras le espero al borde de la acera.Es un coche grande, lujoso, más negro que la noche. Un Rolls Royce -creo-; no lo he visto nunca antes. Totalmente negro, sin detalles de ningún otro color en la carrocería. Y sólo emite luz de un blanco puro, formando un halo a su alrededor. Es hipnotizante.Siento mi corazón redoblar como un tambor dentro del pecho cuando el coche se detiene a mi lado.Contengo la respiración. Miro a través de los cristales.Me sorprende comprobar que no hay conductor. Y, aunque no lo vea, sé que quien me viene a ver está sentado en el asiento de atrás.Me acerco. Veo mi cara reflejada en los cristales tintados. Estoy sudando por los nervios, pese al frío de la noche. Me limpio las gotas frías de la frente; no quiero parecer nervioso esta noche.Una última respiración, bien profunda, tras la cual abro la puerta trasera, me asomo y me enfrento a mi extraño visitante.


Abro la puerta trasera, me asomo al interior y encaro a mi extraño visitante.

El ocupante, totalmente vestido de negro, me saluda con un leve movimiento de su mano enguantada, invitándome a sentarme a su lado.La máscara de metal que cubre su cara me impide ver cualquier emoción en su rostro. Y su voluminoso abrigo negro oculta el resto de su cuerpo.Podría ser un robot, o un alien. O yo qué sé. ¿Dónde me estoy metiendo?
¿Qué demonios estoy haciendo aquí?



Pero he venido a jugar; me he comprometido.
Subo al coche, cierro la puerta y se hace el silencio dentro. Me giro hacia mi visitante y observo. No logro encontrar postura cómoda, por muy blandos que sean los amplios asientos de cuero. Tampoco ayuda el exagerado frío que hace dentro, más incluso que en la calle.Me pregunto quién pone el aire acondicionado a tope de frío en pleno invierno.Un maletín viejo y desgastado llama mi atención cuando lo deposita con cuidado entre nosotros. Contrasta con lo nuevo, lujoso e impecable del resto del coche.—¿Qué es eso? —pregunto.
—Tu juego —afirma una voz profunda. A lo que has venido a enfrentarte


Una de ellas esconde una sorpresa letal. El resto: riqueza y segunda oportunidad.

Dos chasquidos preceden a la apertura de los cierres del maletín.Lentamente, con un gemido de las bisagras, la tapa se abre, revelando cuatro filas de pequeñas cajas.Echo cuentas rápidamente; cuatro filas de seis cajitas. Son 24 cajas.—No te interesa acercarte mucho a las cajas —me dice con voz seria mi interlocutor.
—¿Por qué? —pregunto desafiante.
—Como ya te adelanté, ahora tendrás que seleccionar una de las cajas y abrirla —me dice, mientras su mano pasa por encima de las cajitas—, pero piensa muy bien tu elección. Aquella caja que primero toques será la que tendrás que abrir hoy.


Tengo tantas preguntas, que no sé ni por dónde empezar.
—¿Por qué tanto misterio? ¿y por qué llevas ese atuendo? —pregunto.
—Tenemos un par de minutos para saciar tu curiosidad antes de medianoche —me responde—, pero debo advertirte: en adelante, cuantas más respuestas quieras, más difícil te resultará el juego.


Cuanto más preguntes,
más difícil te resultará jugar al juego.

—Esta primera ronda de preguntas te la regalo, como gesto de cortesía —me concede.—¿Por qué llevas esa máscara? —le digo mientras miro fijamente al lugar donde deberían estar sus ojos.
—La máscara, al igual que las 24 cajas que tienes delante, están hechas de plomo. Lo mismo sucede con el relleno de mi abrigo, y con las tapas de este viejo maletín —dice, mientras recorre cada elemento que me describe con su mano enguantada.
—¿De plomo? —digo extrañado.
—El plomo tiene una habilidad extraordinaria para contener lo que hay en una de estas 24 cajas. Algo que sólo debe salir al exterior si abres la caja que lo contiene.
— ¿Veneno? No, espera: ¿es algún tipo de material radiactivo?

Cesio-137 —me dice muy serio—, un isótopo altamente radiactivo, que se emplea en la industria nuclear. Una exposición breve y "accidental", a tan sólo 6 sievert de radiación de este material, causa la muerte.En el 100% de los casos.Antes de 14 días.


—14 días… —murmuro, con la mirada fija en las inocentes cajitas.
—Pero no te preocupes, el resto de cajitas son totalmente inofensivas —me dice como si nada—. Basta ya de preguntas, o tendré que empezar a cobrarte por las respuestas... y no creo que puedas permitirte su precio.


El resto de cajitas son totalmente inofensivas.Y contienen lo que has venido a buscar.

Se hace el silencio. No me atrevo ni a pestañear.El resto de preguntas ya no son relevantes. No me ha dicho cuál es el precio de más respuestas, pero creo que no las necesito, por el momento.Este siniestro juego es real y tengo una posibilidad seria de morir… de manera lenta y agónica. Quizás no me convenga saber más detalles ahora mismo.

—Hoy sólo tienes que elegir una de las cajas, abrirla, ver lo que hay en su interior y marcharte después a casa —afirma mi siniestro acompañante.—Ah, y una cosa más —me dice—, no queremos humedad de ningún tipo cerca de estas cajas. No estornudes, no tosas y, sobre todo, mantén la calma y no sudes.En presencia de la más mínima humedad ambiente, el cesio-137 puede explotar violentamente y sumirnos a los dos en una nube radiactiva.


—Por eso el aire acondicionado a tope —menciono sin darme cuenta.
—En efecto, veo que te fijas en los detalles —dice mientras pone un poco más fuertes los chorros de aire seco y frío de la parte de atrás.
Adelante, es la hora prevista: abre una caja.

ABRE UNA CAJA


Según el estado del juego, tienes menos de un 5% de probabilidades de morir.

¿Te atreves?



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